La colección de 7.400 reliquias que Felipe II reunió en El Escorial

Cada rincón, muro, jardín o habitación que posee el Real Sitio de El Escorial es una muestra de la identidad de Felipe II, monarca que lo mandó construir. Sus creencias, su ideología y su forma de ver el mundo quedaron reflejadas en aquella fastuosa construcción que Juan Alonso de Almela definió como “la Octava Maravilla del Mundo”. Es por ello que su fervor católico y ultraconservador quedara patente en la inmensa colección de reliquias que llegó a reunir en El Escorial.

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El Escorial: un relicario enorme

Felipe II mandó recoger reliquias de santos y mártires que se encontraran por toda Europa, sin importar el precio a pagar. En un encargo que realizó en 1572 al humanista Amador de Morales, el rey pedía que éste realizara un inventario de todas las reliquias que existían en sus reinos.

En 1597, un año antes de su muerte, recibió en El Escorial cuatro cajas llenas de huesos y objetos procedentes de Alemania y de Países Bajos. Muchas de estas reliquias fueron conseguidas por los Tercios, que no dudaban en obsequiar al monarca con estos restos cuando tomaban alguna plaza en campañas militares.

Las reliquias fueron almacenadas en grandes estantes que se confeccionaron para tal empresa. Son conocidos los dos armarios que existen a cada lado del altar mayor de la basílica de El Escorial, decorados por Francisco Zuccaro, donde a día de hoy se conservan gran parte de ellas. Asimismo, se crearon relicarios a manos del platero Juan de Arfe para albergar estos vestigios, cuya preciosidad hizo que muchos de ellos desaparecieran durante la rapiña que sufrió el conjunto escurialense por parte de las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia (1808-1814).

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Reliquias en El Escorial (Fuente: EL PAÍS)

Aun así, Fray José Quevedo, en su Historia del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (1849), realizó una lista de las reliquias que se conservaban en El Escorial. Contabilizó en total 7.422 reliquias, donde destacaban 11 cuerpos incorruptos de santos, 306 huesos y 144 calaveras, además de diferentes objetos considerados sagrados. También se tienen en cuenta las reliquias que se colocaron en los cimientos y en los muros de las estancias de El Escorial. La lista de fray José Quevedo se realizó después del saqueo napoleónico, por lo que pudo haber más reliquias antes de la Guerra de la Independencia.

A través de unas puertas que comunicaban con sus aposentos, Felipe II podía acceder a su colección en privado, donde no dudaba en acariciar y rezar a las reliquias. A oscuras, de noche y en solitario, el soberano daba rienda suelta a una afición que estaba muy relacionada con su extrema religiosidad.

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Relicario en la basílica de El Escorial, con el retablo creado por Francisco Zuccaro.

 

La parrilla de San Lorenzo, la reliquia que destacaba…con leyenda incluida

Todas las reliquias tenían gran valor, pero si había una que destacaba sobre las demás esa era la parrilla de San Lorenzo, santo al que está dedicado el complejo de El Escorial (el sentir popular dice que el edificio tiene forma de parrilla).

No obstante, el instrumento por el cual se martirizó a San Lorenzo fue conseguido posteriormente a la construcción del monumento. Felipe II ordenó buscar este objeto por toda Europa a través de los diplomáticos que tenía desplegados. Y en el monasterio de Santa María de Lavaix, en la provincia de Lleida, donde finalmente halló una barra que supuestamente perteneció a la parrilla donde murió el santo y que tenía lo que parecía ser piel chamuscada.

La barra de la parrilla llegó a El Escorial y en tiempos de Carlos II el Hechizado se creó una estatua de oro y plata dedicada a San Lorenzo que sostenía aquella reliquia. Tuvo que tener tal valor económico que cuando llegaron las tropas de Napoleón, no dudaron en expoliarla. A partir del ya mencionado saqueo, la estatua con la parrilla desaparecerá para siempre.

A pesar de ello, existe una leyenda que cuenta que un madrileño la compró en el Rastro de la ciudad para terminar una reja de hierro. Cuando llegó a su casa y comenzó a limpiar la barra, se dio cuenta de que esta comenzaba a tener un brillo plateado. El comprador no dudó en acercarse a la Casa de la Moneda, donde concluyeron que la barra era de plata y que contenía una inscripción que decía que pertenecía a la parrilla de San Lorenzo.

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Estatua de San Lorenzo con la parrilla en la mano, monasterio de El Escorial.

 

¿Por qué interesaban tanto las reliquias a Felipe II?

Fray Jerónimo de Sepúlveda llegó a decir que El Escorial se había convertido en un “gran sepulcro de cuerpos santos”, mientras que fray José de Sigüenza (que entre otras cosas fue relicario real) afirmó que “no tenían noticia de Santo ninguno del que aquí no haya reliquia, excepto tres” ( estos tres son San José, San Juan Evangelista y Santiago el Mayor). Sin embargo, ¿de dónde viene el curioso afán de Felipe II?

El historiador John H. Elliott argumenta que el soberano era un “obsesivo compulsivo” que temía por su porvenir y coleccionaba tantas reliquias para ganarse el favor de Dios. El hispanista Geoffrey Parker completa esta introspección psicológica en su ensayo Felipe II: la biografía definitiva, mencionando que era un personaje infeliz que se agarraba a lo sobrenatural al sentirse eclipsado por la gloria que consiguió su padre, el emperador Carlos V.

Por otra parte, existen hipótesis como la de Juan García Atienza, que defiende en La cara oculta de Felipe II  que el rey español concebió a El Escorial como un “inmenso acumulador de energía sagrada”. Gracias a la acumulación de elementos simbólicos y reliquias, según Atienza, se crearía en el conjunto escurialense un halo de santidad y de influencia benéfica que permitiría al soberano regir “mágica o sobrenaturalmente” aquel mundo en el que gobernaba.

A pesar de las diferentes teorías que existen, lo cierto es que la devoción relicaria de Felipe II viene de mucho antes, incluso cuando todavía era un joven príncipe. Por ejemplo, en 1550, cuando acompañaba a su padre en la ciudad alemana de Colonia,  compró un centenar de reliquias como si de ‘souvenirs’ se trataran y se las trajo a España en su vuelta; o cuando se encaprichó en Toledo por los restos de santa Leocadia, obligando al arzobispo Quiroga a que le diera algún despojo de aquel esqueleto.

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Retrato de Felipe II.

 

Las reliquias como forma de curar enfermadades

Felipe II tenía mucha fe puesta en las reliquias como método de salvación y, sobre todo, como remedio curativo de enfermedades. Una prueba se encuentra cuando decidió que se metiera la momia de san Diego de Alcalá en la cama del príncipe don Carlos, cuando su hijo sufrió una caída por las escaleras en Alcalá de Henares que le provocó graves problemas cerebrales.

Pero queda más claro en sus últimos días de vida. Postrado en la cama y víctima de fuertes dolores y fiebres, el monarca pidió que se llevaran a sus aposentos de El Escorial todas las reliquias que había acumulado durante años; después ordenó que se colocaran por turnos aquellos restos por todo su cuerpo, en un intento desesperado por mitigar aquella agonía que sufría.

Según relata fray José Quevedo, Felipe II mandó a su confesor y al prior que le trajeran expresamente el brazo de San Vicente Ferrer, la rodilla de San Sebastián y la costilla de San Albano. En el momento que las tuvo, comenzó a besarlas de forma indiscriminada, mientras los allí presentes rezaban para que el sufrimiento de aquel moribundo acabara.

El estado del enfermo era tan grave, que en muchas ocasiones perdía fuerzas y se desvanecía. La única forma de que volviera en sí era que los encargados de su atención dijeran algo así como “¡No toques las reliquias!”. En ese instante, el rey volvía a abrir los ojos…

 

 

 

Fuentes y bibliografía recomendadas:

  • QUEVEDO, fray JOSÉ (1840). Historia del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial”
  • SIGÜENZA, fray JOSÉ DE (1605). Historia de la Orden de San Jerónimo
  •  ELLIOTT, JOHN H. (2001). Europa en la época de Felipe II. Editorial Crítica
  •  PARKER, GEOFFREY (2010). Felipe II: la biografía definitiva. Planeta
  •  ATIENZA, JUAN G. (1998). La cara oculta de Felipe II. Martínez Roca
  • SIERRA, JAVIER (2013). El maestro del Prado. Planeta
  • CABAÑAS, JOSÉ MIGUEL (2017). Breve Historia de Felipe II. Editorial Nowtilus
  • CAMPOS FERNÁNDEZ, FRANCISCO J. El monasterio de El Escorial en la historiografía jerónima de la primera época (siglo XVI). Estudios Superiores de El Escorial, San Lorenzo de El Escorial
  • MAÑUECO, MIGUEL. El señor de las reliquias. MUY INTERESANTE nº412, septiembre de 2015
  • La Escóbula de la Brújula 1×04: “El Escorial”. 22 de abril de 2013

 

 

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