Las manos rupestres, un misterio sin resolver de la Prehistoria

Siempre hemos pensado que el ser humano primitivo era un burdo animal sin preparación alguna cuyos comportamientos se alejaban de cualquier civilización. Todo lo que se  relaciona con los primeros seres humanos -como sucedió en su día con el descubrimiento de Altamira- carece de importancia. Ingenuos los que piensan esto, pues ellos evolucionaban; nosotros, en cambio, involucionamos cual cangrejo que marcha hacia atrás cuando no le queda más remedio.

El hombre prehistórico se preguntaba por todo aquello que no comprendía, intentando buscar el significado real de su existencia. Todos los interrogantes que perseguían a nuestros antepasados más lejanos quedaban plasmados en su arte, como inmortal reflejo de que ellos pasaron por este planeta y tenían algo que decir.

El arte siempre ha tenido unas connotaciones transcendentes. Nació con la intención de comunicarse con aquello que era considerado como divino. Esos “monos pensantes” -como los calificaría más de uno- pintaban las cuevas y abrigos con representaciones cotidianas, pero con significados que escapan a todo ámbito mundanal. Estas pinturas atienden a un simbolismo concreto, nada más entendido por unos pocos, como si de un mensaje iniciático se tratara.

Que las pinturas se realizaran en cuevas y abrigos tiene su sentido mágico; estos hombres no se refugiaban en estos lugares porque sí, sino que atendía a unos objetivos claros. La cueva sería el enclave iniciático donde nuestros antepasados transcendían. Entrar en una cueva es “meterse dentro de la Tierra”, alcanzar el corazón sagrado de ella, la matriz de la Gran Madre Tierra que pone en contacto al ser humano con lo que era antes de venir al mundo con lo que será después de la muerte.

Es indudable la importancia que tendrá la cueva con el transcurso del tiempo. Las sibilas romanas tenían sus visiones proféticas en estos lugares; los filósofos recibían dentro de cavernas esa inspiración clave para poder preguntarse por la Razón; Mahoma tuvo las revelaciones de Alá dentro de una cueva; los monjes se retiraban a pequeños cavidades para vivir una vida eremítica para intentar conectar directamente con Dios.

En definitiva, las cuevas encierran pinturas a modo de mensajes que, además de ser en muchos casos auténticas obras de arte, encierran misterios que forman parte de ese legado de los antiguos que nos han dejado para dar testimonio de su contribución a lo que fuimos, somos y seremos.  Y una de esas enigmáticas representaciones que inundan las mágicas cuevas son esas manos, cuya significación intentaremos desgranar minuciosamente a continuación…

¿Qué significan las manos rupestres?

Las manos rupestres son pictografías realizadas directamente en las paredes o techos de las cuevas. Según la Arqueología y los prehistoriadores, estas pinturas datarían del Paleolítico Superior, concretamente al Auriñaciense (unos 38.000 años antes del presente).

Estas pictografías son de dos tipos: manos positivas (aparece una mano coloreada por dentro) o manos negativas (se colorea el contorno de la mano, dejando el interior de ésta intacta).

Los colores predominantes en este tipo de creaciones pictóricas son el rojo, el negro y el blanco. Las distintas tonalidades se creaban mezclando diferentes pigmentos, que podían ser plasmados directamente en la roca a través de los dedos de la mano, aunque también se usaban herramientas similares a pinceles para conseguir mayor precisión en el momento de llevar a cabo la actividad artística. También se usaba el espurreado de los pigmentos, sobre todo para realizar las manos negativas.

Esta práctica fue universal, pudiendo encontrar claros ejemplos en puntos tan distantes como la Patagonia, Indonesia o Europa occidental, asombrando las grandes similitudes que existen por muchos miles de kilómetros que separen unos de otros.

Cuevas de las Manos, Santa Cruz, Argentina (Patrimonio Cultural de Argentina)
Cueva de las manos, Santa Cruz (Argentina).

A día de hoy, el significado de las manos rupestres es un enigma. Si bien existen diferentes teorías e hipótesis realizadas por los más eminentes investigadores, no se ha aclarado todavía el porqué de estas pictografías. Parecen un vivo reflejo de ese hombre prehistórico que se resiste a ser comprendido como se merece por el mundo contemporáneo, donde desconocemos por completo su día a día, por mucho que se les etiquete de gente incivilizada con más rasgos animales que humanos…

No han sido pocos los estudiosos que se han lanzado a intentar descifrar estos códigos en forma de manos que aparecen plasmados en diferentes cuevas del planeta, emitiendo todo tipo de explicaciones con el objetivo de esclarecer unos interrogantes que siguen permaneciendo ahí.  En el presente artículo citaremos algunas conclusiones de las muchas que existen, omitiendo gran cantidad de ellas y no por ello menos importantes.

Dean Snow, arqueólogo de la Universidad de Pennsilvania, estudió el tamaño de las manos rupestres de diferentes cuevas de España y Francia, donde concluyó que éstas fueron realizadas por mujeres y no por hombres. Mientras los hombres abandonaban los refugios para cazar, las mujeres realizarían este tipo de creaciones en las paredes de las cavidades. No hay que olvidar que las manos son el instrumento clave para llevar a cabo la caza, pudiendo ser una especie de ritual mágico-religioso por el cual se intentaba potenciar la actividad realizada por los hombres y así conseguir más alimentos.

El descubrimiento de Dean Snow es importante, ya que demostraría que muchas de las pinturas rupestres que existen tanto en Francia como España tienen autoría femenina, que derivaría en una explicación plausible sobre el significado de estas manos en las cuevas. Sin embargo, los profesores de la UNED Ángel Rivera y Mario Menéndez, argumentan en Las conductas simbólicas en el Paleolítico: un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional (2011) que las manos serían “una parte” que representaría a “un todo”, que sería ni más ni menos que el ser humano; por tanto sería una huella que demostraría su existencia y su paso por la Historia. Los dos profesores no aclaran más sobre su significado, pero añaden que la Arqueología cognitiva está estudiando en profundidad el simbolismo de estas pictografías.

La situación de descifrar su posible significado se complica cuando admiras las manos que encontramos en la cueva de Gargas, en el Alto Pirineo francés. En esta gruta, la cual es una de los mayores exponentes en cuanto a estas pictografías se refiere, podemos encontrar una particularidad que añade más misterio al asunto: muchos dedos de las manos representadas aparecen mutilados. Lo más curioso es que nunca se han encontrado restos de estos hombres primitivos en los que falten falanges, pudiendo ser que doblaran los dedos en el momento de plasmar las manos en las paredes de la cueva. Georges-Henri Luquet, etnógrafo francés y pionero en el estudio del dibujo infantil, se decantó por esta hipótesis al estudiar las pinturas de Gargas; sin embargo, uno de los grandes especialistas de la Prehistoria como fue André Leroi-Gourhan se inclinó por la idea que defendía que  la aparición de manos mutiladas en la cueva de Gargas significaba la existencia de un lenguaje de signos grabado en las cuevas y que en la actualidad se desconoce. Ese lenguaje de signos sería accesible para un grupo reducido de hombres, que haría recordar a esos iniciados que poseían un conocimiento determinado que no se encontraba al alcance de todos.

André Leroi-Gourhan
André Leroi-Gourhan.

En resumidas cuentas, podemos encontrar todo tipo de estudios realizados para intentar comprender estas pinturas que nos son tan familiares por tratarse de manos, pero que nos resultan extrañas al intentar inmiscuirnos en el secreto que guardan en el fondo de las cavernas.

 

Los misterios de las manos rupestres: la figura del chamán y la búsqueda del contacto con lo superior

Como vemos, derribar ese muro de la incomprensión que nos separa de entender ese simbolismo que encierran las manos en las cuevas parece una tarea prácticamente imposible. Sin duda, hay que realizar una introspección psicológica en el primer ser humano para acercarnos a estos enigmas; y en su mente siempre brotaba lo mágico y lo sagrado, ese fino hilo que conectaba al Hombre con las divinidades.

Las manos rupestres siempre aparecen en los lugares más recónditos e inaccesibles de las cuevas. Son enclaves en los que nada más tenía permiso para entrar determinados personajes que ocupan un escalafón superior en las primeras comunidades que se estaban creando: el chamán, el sacerdote, el brujo.

Los chamanes eran los primeros sabios, capaces de conectar con ese otro lado a través de diferentes ritos que nada más podían practicar ellos. Inundaban los lugares más oscuros de las cavernas con estas pinturas, denotando su significado religioso cual Sancta Santorum al que nada más puede acceder el sacerdote. Esas pinturas de manos tendrían una interpretación iniciática cuyo fin era conseguir acercarse a la perfección que poseían las divinidades.

Las manos rupestres aparecen pintadas en rojo, negro y blanco. Estos colores tienen su simbolismo mágico cuando son utilizados por el chamán, pudiendo también estar relacionadas estas pinturas con el intento de contacto con el mundo de los espíritus. El blanco significaría la capacidad que tiene el chamán de poder ver más allá a través de los estados alterados de conciencia (“dejar la mente en blanco”); el negro se atribuiría al poder autoritario del chamán; y el rojo denotaría tanto la Vida como la Muerte.

Manos rupestres
Manos rupestres junto a otras pinturas prehistóricas

La plasmación de manos en las cuevas es un signo revelador para Fernando Sánchez Dragó que, en una de las Biblias para los amantes de la España Mágica como es Gárgoris y Habidis, simboliza “el poder de curación de estas partes del cuerpo y que serían utilizadas por el chamán”. Además, Sánchez Dragó añade que esta práctica perduraría con el paso del tiempo, quedando identificada no solo en esos curanderos que alivian dolores a través de las manos (muchos de estos curanderos se sienten herederos de esos chamanes prehistóricos), sino en detalles tan cotidianos como tomar la temperatura tocando la frente del individuo o tomando el pulso con los dedos, o gestos propios de las diferentes religiones como la señal de bendición en el cristianismo o la barakah en el mundo árabe.

¿Manos rupestres de reptiles?

Hasta ahora hemos dado por supuesto que las manos en las cuevas pertenecían indiscutiblemente al primer ser humano, a ese “mono pensante” infravalorado por el hombre contemporáneo. Pero ¿seguro existe alguna excepción que confirma esta regla? Lo cierto es que sí, y para conocerla hay que viajar a las dunas del desierto sahariano.

La conocida como “Cueva de las Bestias” se encuentra en los promontorios del Wadi Sora, en la zona suroeste de Egipto, casi haciendo frontera con Libia, en pleno desierto de Sahara. Parece un lugar inaccesible en la actualidad, pero en tiempos prehistóricos fue importante refugio que albergó vida humana, como así demuestran las escenas de caza escenificadas en las paredes rocosas donde se ve cómo un grupo de cazadores acorralan a diferentes animales de la zona (elefantes, jirafas, antílopes, etc.). Además de las escenas de caza, también encontramos una gran cantidad de manos rupestres, donde destacan las variaciones de tamaño, indicando que no solo pertenecen a ese sacerdote o sacerdotisa que intentaba conectar con una realidad superior.

Sin embargo, lo sorprendente del asunto es que no pertenecen a niños, ni tan siquiera a seres humanos. En un artículo realizado este mismo año para la revista británica Journal of Archaelogical  Science se recoge las investigaciones realizadas por la arqueóloga Emmanuelle Honoré en las cuevas de Wadi Sora, donde analiza esas diminutas manos rupestres que rompen con la estética normal de este tipo de pictografías. La investigación concluye que esas huellas plasmadas en las paredes de las cuevas pertenecerían a animales, posiblemente a los reptiles que deambulan por la zona.

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Manos rupestres de reptiles en las cuevas de Wadi Sora (Egipto).

Emmanuelle Honoré no habla del porqué de estas manos animales en la cavidad sahariana, pero el significado y sentido se deja entrever si prestamos atención a la figura del brujo o chamán.  Este sabio, en muchos de sus rituales mágicos, utilizaba ciertas partes del cuerpo de animales u objetos que se relacionaran directamente con ellos. Esta práctica se llevaba a cabo por la creencia teriantrópica que poseía el chamán, que haría que éste se pudiera transformar en animal en cualquier momento. Utilizando partes del cuerpo o enseres que representaran a un determinado animal, el chamán pensaba que podía adquirir las facultades que éste tenía.

Por ejemplo en la Cueva de los Casares (en la provincia de Guadalajara), como bien recoge el libro Piedras sagradas de Juan Ignacio Cuesta, aparece un brujo con una máscara de mamut, dando a entender que si este chamán se ponía dicha máscara, potenciaría en su cuerpo los atributos de dicho animal. Lo mismo parece suceder en la cueva de  Wadi Sora. Ese sacerdote de tiempos prehistóricos habría utilizado las patas de los reptiles de la zona basándose en esas creencias teriantrópicas, plasmándolas como pinturas e intentando así conseguir unas facultades que no poseía, formando todo parte de un extraño rito mágico que lo acercaría a esas entidades superiores.

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Representación del chamán en un rito de fertilidad, cueva de los Casares (provincia de Guadalajara).

Las manos rupestres, un misterio de carácter universal

Lo numinoso y este tipo de representaciones, nunca mejor dicho, “van de la mano”, pero el enigma no se queda limitado en unas pocas regiones de manera concentrada, sino que adquiere tintes de naturaleza universal.

Ya hemos mencionado ejemplos como Gargas en Francia o Wadi Sora en el Sahara egipcio, pero existen muchas cuevas en todo el mundo con este tipo de pinturas, sin importar los límites que suponen la distancia o la separación por mares y océanos.

El mayor exponente de este tipo de pictografías se encuentra en la provincia de Santa Cruz (Argentina) en plena Patagonia. Solo hay que ver el nombre del abrigo, “Cueva de las Manos” para hacerse una idea de lo que hace famosa y singular. En la Cueva de las Manos se han contabilizado aproximadamente 830 manos rupestres, tanto en positivo como en negativo, estando superpuestas una encima de otra en la mayoría de casos. La combinación de colores como el rojo, blanco y negro crean una auténtica obra de arte creada hace unos 9.300 años antes del presente. La Cueva de las Manos está inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde el año 1999, y hace frente a una progresiva destrucción debido al incontrolado turismo y a la verdadera naturaleza humana, que amenaza a este paraje de ensueño…

Manos en la cueva de Silawesi (Cahyo Ramadhani-Wikimedia Commons)
Manos rupestres en la cueva de Silawesi (Indonesia)

Pero existen más ejemplos de pinturas de manos rupestres en los lugares más inhóspitos de la Tierra, como en Indonesia, donde en las Islas Célebes se halla la cueva de Sulawesi, que desafía a los cimientos de la Historia del Arte al haber sido datadas sus pinturas con una antigüedad de 40.000 años, provocando un cambio de la concepción sobre las primeras creaciones pictóricas en la Prehistoria.

En España encontramos las manos rupestres de la Cueva de El Castillo (Cantabria), eclipsada por Altamira, pero que guarda en sus galerías un de los conjuntos pictóricos más antiguos de la Prehistoria. Además, se cree que en unas figuras concretas plasmadas en la roca representan embarcaciones con sus respectivas rutas de navegación; como es normal, esto no interesa ser divulgado. También destacan las manos de la cueva de Maltravieso, situada cerca de la ciudad de Cáceres. Estas pinturas fueron descubiertas en los años 50 de forma accidental por el afán de Carlos Callejo en una demostración de que el forofo supera al estudioso, recordando a los esfuerzos de Marcelino Sanz de Sautuola (pero evidentemente con distinto final).

Cueva de Maltravieso (Mario Modesto-Wikimedia Commons).JPG
Cueva de Maltravieso (Cáceres)

Los interrogantes surgen al ver la localización de las diferentes pinturas rupestres, situadas en puntos muy distantes en el planeta y que, sin embargo, las características son similares por no decir iguales.  ¿Cómo es posible que en Argentina, Indonesia, África y Europa occidental existan las mismas pinturas?

Sin duda se puede hablar de una corriente artística a nivel mundial iniciada hace miles de años, donde se desconoce por completo los contactos que tuvieron para transmitirse este tipo de conocimientos. La Historia no concibe que el hombre prehistórico fuera capaz de cruzar amplias masas de agua con las embarcaciones adecuadas debido a los ínfimos conocimientos que en general se les otorga.  Sin embargo, cuanto menos hace saltar la duda cuando alzamos la mirada para contemplar los bisontes de la cueva de Altamira o Lascaux, o cuando nos damos cuenta que ciertos monumentos megalíticos tienen una orientación específica atendiendo a los cuerpos celestes o al Sol. Puede que nuestros antepasados no disfrutaran de la tecnología actual, pero dudar sobre sus conocimientos es una actitud muy precipitada, propia del antropocentrismo que inunda los pensamientos de la sociedad contemporánea, incapaz de hacerse a la idea que demuestra que no estamos todo lo evolucionados que pensamos, ya que por mucha revolución tecnológica que se realice, si no va acompañada por una revolución moral y de pensamientos, el testigo de la evolución no “cambiará de mano”…

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