Los misterios del monte Brocken, entre brujas y apariciones ‘espectrales’

“Ya que es verde el grano y amarillo el rastrojo, trepemos todas el Brocken, y allí reunidas, circuiremos el trono de Urian, situado en la más alta de sus cimas”, claman las brujas al unísono en la famosa obra dramática Fausto que convirtió a Goethe en figura de la literatura universal. El Brocken es la montaña más alta de la sierra de Harz, ubicada en el centro de Alemania. Que Goethe hablara de este enclave como lugar de aquelarres y hogar de Urian -nombre con el que la tradición germana designa en algunas ocasiones al Diablo- no es una casualidad. Desde tiempos inmemoriales, esta elevación de 1.141 metros de altitud ha sido relacionada con misteriosos fenómenos e historias enigmáticas, sin olvidar ese halo mágico y sagrado que desprende, convirtiéndose en el lugar de poder alemán por antonomasia.

El enigmático monte Brocken, nevado

El monte Brocken como lugar de poder: cultos paganos, solsticios y el ‘disco de Nebra

La sierra de Harz tuvo gran importancia en la Prehistoria. Se tiene constancia de que el homo neanderthalensis, más conocido como el “Hombre de Neandertal”, habitó en la extensa red de cuevas que existe a lo largo de esta cadena montañosa alemana. Pero es en la Edad del Bronce cuando comienza a adquirir una relación con lo sagrado, especialmente el monte Brocken. Como montaña más alta de la cadena montañosa era el enclave perfecto para comunicarse con aquella divinidad que vivía en el cielo, sujetaba los astros y provocaba fenómenos meteorológicos. Por tanto, aquel hombre prehistórico marcado por lo mágico, no dudaba en subir al Brocken en busca de contactar con lo numinoso y lo sobrenatural. 

Ese intento de acercarse a lo ignoto ha quedado patente con el hallazgo de ajuares, armas y herramientas de bronce, que se ofrendaban con el objetivo de contentar a la divinidad y conseguir su apoyo en la batalla o su benevolencia en las cosechas.  Los rituales mágico-religiosos en el Brocken se celebraban en momentos concretos: los solsticios y los equinoccios. Los solsticios y los equinoccios eran acontecimientos muy a tener en cuenta por los antiguos, ya que determinaban los ciclos de la vida cotidiana.  El monte Brocken se usaba como punto de observación de este tipo de fenómenos, como así demuestra el famoso disco de Nebra, una pieza arqueológica única que demuestra que los prehistóricos tenían grandes conocimientos astronómicos (aparecen grabados en él la Luna, el Sol y las Pléyades). Este disco marcaba la línea de visión del Brocken, que tapa al Sol durante los solsticios de verano, y también tomaba a esta montaña como referencia tanto en el solsticio de invierno como en los equinoccios.

El disco de Nebra es una pieza única que plantea interrogantes

Los distintos ritos mágico-religiosos que se llevaron a cabo en el Brocken durante la Edad del Bronce, ya sea por el afán de comunicarse con las deidades o por celebrar esos acontecimientos astronómicos que dirigían el rumbo cotidiano, resurgirán en la Edad Media en la mítica Noche de Walpurgis. Pero una Iglesia más férrea que nunca se presentará como obstáculo…

El Brocken y las brujas: la Noche de Walpurgis

La madrugada del primer día de mayo se conmemoraba la llegada de la May Queen (“la Reina de Mayo”), la personificación del paso de la tristeza invernal a la alegría primaveral. Esta fiesta estaba muy arraigada en Alemania e iba acompañada de distintos rituales de fertilidad que en la Edad Media y Moderna fueron vigilados con lupa por la Iglesia, ya que no entraban en los cánones religiosos. La intolerancia hacia esos ritos por parte de las instituciones eclesiásticas hizo que se persiguieran con mano de hierro. Comenzó a correr el rumor de que esa festividad estaba directamente relacionada con reuniones de brujas que encendían hogueras para adorar al mismísimo Diablo. Y el lugar donde se reunían las brujas sería el monte Brocken, enclave que había sido punto de celebración de cultos paganos desde la Prehistoria y donde se creía que vivía el Maligno.

Pronto empezó a decirse que las brujas de todas partes del Sacro Imperio Germánico, a lomos de sus escobas voladoras, aterrizaban en el Brocken bajo la luna del primer día de mayo con el objetivo de bailar frente al fuego con el Diablo. Los pueblos aledaños de la sierra de Harz comenzaron a poner en sus puertas todo tipo de hierbas y a proteger con sal sus cobertizos, presas del pánico, para ahuyentar como fuera a aquellas brujas cuyas risas malvadas retumbaban en sus pesadillas. El terror que existía era tan grande que algunas rocas de este enclave comenzaron a ser denominadas como “altar de las brujas” o “trono del diablo”.

‘Trono del Diablo’ en el Brocken

La Iglesia no se quedó de brazos cruzados y la Inquisición se puso en marcha para acabar como fuera con esos rituales que se consideraban auténticos aquelarres, convirtiéndose el Sacro Impero Germánico en el paladín de la cacería de brujas en todo el mundo. Solo en Turingia, región colindante a la sierra de Harz, se desataron más de 1.600 persecuciones que se saldaron con 1.000 víctimas durante los siglos XV y XVI.

Las desastrosas consecuencias que tenían las persecuciones a brujas, donde el delator se podía convertir en víctima, hicieron que se cambiara de estrategia. Al final, se abogó por cristianizar el primer día de mayo en Alemania bajo la advocación de Santa Walpurga, patrona de las campesinas y protectora contra la magia. Dicha cristianización cambió el sentido de las hogueras: si bien antes se consideraba la forma de invocación al Diablo por las brujas, ahora se encendían para espantarlas. Desde aquel momento, la fiesta comenzó a ser conocida como “Noche de Walpurgis”, con el intento de encubrir la vieja creencia popular de aquelarres en aquella noche de la llegada de la mítica May Queen. 

Noche de Walpurgis en el monte Brocken en un grabado

La celebración de la Noche de Walpurgis en el monte Brocken alcanzó fama cuando Goethe  plasmó en su obra Fausto las viejas historias que se contaban en la sierra de Harz. El famoso autor alemán quiso recuperar el verdadero sentido que intentó encubrir la Iglesia, vinculando en Fausto de forma directa las reuniones de brujas con el motivo real de la festividad tan señalada. En la actualidad, la madrugada que va del 30 de abril al 1 de mayo, miles de turistas acuden al Brocken a presenciar un espectáculo que recuerda la truculenta historia que tuvo como escenario la montaña. El espectáculo comienza con bailes paganos y después se encienden varias hogueras mientras suenan instrumentos de percusión para finalizar con la aparición de una persona disfrazada de Diablo, que rememora las leyendas que ubicarían la morada de este en la montaña.

El misterioso ‘Libro de San Cipriano’ y el monte Brocken

La supuesta residencia del Diablo en el Brocken queda patente en la aparición legendaria de El Libro de San Cipriano, un grimorio que recoge métodos para invocar a seres infernales y un compendio de rituales de magia. Es considerado como uno de los tratados mágicos más importantes que existen y según Bernardo Barreiro, habría sido escrito por el propio Lucifer; pero este investigador gallego del siglo XIX no menciona la leyenda que gira en torno a su origen, que está muy unida a la montaña alemana.

La leyenda narra el encuentro entre Giona Sufurino y el Diablo, que tuvo lugar en la cima del Brocken durante una fría noche de invierno del año 1001. Sufurino era monje de un convento situado por aquella zona y, gracias a su cargo de bibliotecario, conocía muchos tratados sobre artes mágicas que hablaban sobre espíritus buenos y malos.  Movido por la curiosidad que había adquirido tras leer aquellos tratados, aprovechó de una noche invernal para ascender a lo más alto de la evelación montañosa. Ya en la cima, este personaje invocó al Diablo, que apareció después de caer un relámpago cegador.

El monje pidió al Diablo entablar una amistad y este le concedió un libro en el que se revelarían todos los secretos del mundo: el misterioso Libro de San Cipriano A pesar de que las primeras ediciones sobre este tratado comienzan a circular en la segunda mitad del siglo XVIII, es un ejemplo claro para recalcar esa vieja creencia que mostraba al monte Brocken como un lugar maldito donde habitaba el Mal. También hay que mencionar que el tratado se atribuye a la figura de San Cipriano, santo de la magia y que guarda una estrecha relación con el mito clásico de Fausto. ¿Pudo inspirarse Goethe en el origen legendario de El Libro de San Cipriano en el Brocken para crear su famosa obra?

Manuscrito bizantino en el que aparece la leyenda de Giona Sufurino en el monte Brocken

Posible explicación a los enigmas: “el espectro del Brocken”

Lo curioso es que la consideración del monte Brocken como lugar maldito donde habita el Diablo y donde se han visto a brujas volar con sus escobas pueden ser explicaciones a través de la mentalidad medieval a un misterioso fenómeno que ocurre en la montaña: el “espectro del Brocken”. Este se trata de una ilusión óptica que se produce en cualquier ladera de la montaña alemana. Sucede en días de niebla cuando la luz solar incide por detrás de la persona que tendrá la ilusión óptica. La proyección de la sombra de la persona crea una especie de figura espectral que recuerda a un fantasma, que parece que anda debido al movimiento de las nubes y que está rodeado de una especie de aura que no deja de ser el arco iris surgido por las condiciones meteorológicas. Por tanto, la unión de las circunstancias climatológicas con esa tendencia visual a percibir figuras como humanas (pareidolias), crean una auténtica “aparición fantasmal”.

El ‘espectro del Brocken’, una ilusión óptica que ha dado mucho que hablar

A día de hoy, “el espectro del Brocken” es un suceso totalmente explicable a ojos de la ciencia, pero en el pasado la incapacidad de entender la ilusión óptica hacía que se recurriera a la fantasía y a la imaginación.   En un mundo lleno de supersticiones y supeditado a las creencias más estrambóticas del vulgo, lo más fácil era conectar estas visiones con hechos asombrosos que encontrar una aclaración racional. Ni el científico germano Johann Silberschlag, quien describió por primera el espectro en 1780 como una ilusión óptica, pudo aplacar las historias más fantasiosas que se relataban sobre las extrañas visiones en el Brocken.  Porque, por muchos esfuerzos que se hagan, esta montaña siempre originará en la mente colectiva imágenes de brujas danzando alrededor del fuego y diablos cautivando a los más curiosos…

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