La pisada del Diablo en el bosque sagrado de El Escorial

En una finca privada del bosque de la Herrería, en el entorno de El Escorial, una oquedad en una de las grandes moles de granito que pueblan la zona ha sido el elemento natural seleccionado para protagonizar una historia legendaria. Un relato que tiene como protagonistas al Maligno y a una joven creyente católica salvada por su ferviente religiosidad, así como transcurre en un espacio marcado por su «singularidad». Se trata de la popular Pisada del Diablo.

La huella que el propio Diablo dejó en una roca del bosque de la Herrería

La leyenda cuenta que una muchacha se encontraba merodeando por estos lares boscosos llenos de piedras y desniveles. No obstante, poco le preocupaba a la zagala la peligrosidad del bosque. Era una gran devota de la Virgen de Gracia y por ello había ido a su ermita a rendir homenaje a la vieja talla mariana. A pesar de ello, la noche había caído y tenía que volver a casa en medio de la oscuridad. Es en ese camino de vuelta cuando la joven advierte que no está sola en el camino en aquel paraje. Se trata de un hombre al que no ve su rostro en ningún momento y que aun así, entabla conversación con ella.

El hombre dice que es un peregrino (lleva consigo una concha y una cruz de Santiago) y le pide a la muchacha poder acompañarla en su camino de vuelta. Esta accede y aquel misterioso individuo comienza a decir a la zagala que pida un deseo, que él lo puede hacer realidad si ella reniega de su fe. A pesar de la insistencia del supuesto peregrino (le ofrece fama, oro y todo tipo de riquezas) la chiquilla asegura que tiene de todo y no necesita privilegio alguno: ya tiene casa, comida, familia y a la Virgen de Gracia que la protege.

Al ver que no cede, el falso peregrino descubre su verdadera identidad. Es el mismísimo Diablo que no ha conseguido tentar a la devota y prudente jovencita. En ese instante, en un arrebato de furia, pegó un enorme salto, dio una fuerte patada a una roca del bosque de la Herrería y desapareció para siempre. Eso sí, dejó aquella huella para siempre, conocida popularmente como la «Pisada del Diablo«.

El carácter sacralizante de la leyenda de la Pisada del Diablo

La existencia de una leyenda sobre el Diablo en el bosque de la Herrería puede interpretarse como un intento de sacralizar un recinto marcado por cultos anteriores al cristianismo. El entorno de El Escorial se supone como un paraje de vital importancia para los antiguos. El monte Abantos y La Herrería eran los emplazamientos en los recintos donde comunicarse con aquellas creencias ignotas cuya ritualística y significado se han perdido con el paso de los milenios. La existencia de la Silla de Felipe II es la demostración fehaciente de los cultos llevados a cabo por los pueblos que habitaban la zona antes de la llegada de las águilas de Roma (quién sabe si los romanos asimilaron estas creencias o no).

Con la llegada del cristianismo, aquellos lugares vinculados a cultos ahora considerados paganos tenían dos posibilidades: ser asimilados a la nueva tradición o quedar «malditos». En el bosque de La Herrería quedan ejemplificados las dos vertientes. En primer lugar, la leyenda cuenta que la primigenia Virgen de Gracia fue hallada en una cueva durante la Reconquista, siendo la cueva un recinto siempre vinculado a las viejas concepciones de la Madre Tierra. De hecho, a los pies de la Virgen de Gracia tiene una media luna invertida, símbolo que no se entendería de no ser porque era el símbolo sine qua non de la diosa Astarté, divinidad fenicia de la fertilidad y feminidad que llegó a ser la más icónica en el mundo íbero, sobre todo en el centro peninsular. Por tanto, a través de la leyenda y el símbolo un antiguo culto quedaría adaptado a la nueva tradición dominante.

La Virgen de Gracia, con la media luna a sus pies, puede ser un ejemplo de asimilación de un culto anterior

De lo contrario, si ese sincretismo no lleva a fructificar, da pie a que se hable de un lugar «maldito» o a evitar. Aquellos enclaves en los que antaño se celebraban manifestaciones paganas, con la implantación del cristianismo se convierten en lugares donde habitan criaturas monstruosas, se reúnen las brujas para sus aquelarres o el mismísimo Diablo hace apariciones. Por ello, a pesar de la cristianización bajo la figura de la Virgen de Gracia, todavía quedarían reminiscencias de aquel recinto sagrado para los antiguos.

Es aventurado afirmar que la roca donde se encuentra la Pisada del Diablo tuviera una gran carga simbólica en creencias paganas de la zona. No lo es tanto adivinar a través del lenguaje de la leyenda un intento de demonizar el paraje para después sacralizarlo como solución. A través de la historia de la joven devota (símbolo del buen practicante de la nueva religión) de la Virgen de Gracia (símbolo de la asimilación de un culto anterior) venciendo al Diablo (personificación demonizada del recinto pagano) y dejando la Pisada del Diablo (huella del triunfo de la nueva religión sobre las creencias heterodoxas) se puede entrever cómo finalmente queda sacralizado un emplazamiento que habría sido fundamental para comprender cómo concebían el mundo los remotos habitantes de estas tierras serranas.

Las otras ‘Pisadas del Diablo’ que existen en el bosque de la Herrería

Si bien la Pisada del Diablo que existiría en el bosque de la Herrería es la más mencionada, existen otras «Pisadas del Diablo» que tienen más aspecto de huella hecha por el mismísimo Satanás que la oquedad más extendida. Esta situación hace que sea muy complicada de saber cuál es la que hace mención a la leyenda, debido a la gran cantidad de berrocales con marcas susceptibles de ser presuntas «huellas del Diablo«.

Un ejemplo se encuentra en las indagaciones realizadas por Javier González en el terreno en busca de la Pisada del Diablo. En ella se muestra una mole de granito en situación vertical escondida entre árboles con una hendiduras en el centro que se asemejan a unas garras. Por tanto, induce a error el hallazgo del motivo de la leyenda si no se consulta a un lugareño bien informado. De hecho, los propios vecinos escurialenses dudan de la forma y ubicación de la Pisada.

Pisada del Diablo fotografiada por Javier González

Dejando de lado los motivos legendarios que explican estas formaciones en las rocas, su origen natural dista de lo aceptado por la creencia mágica. Como comenta Juan Ignacio Cuesta, investigador y gran conocedor del entorno del bosque de la Herrería, se trata de «hundimientos erosivos ‘en capa de cebolla’ causados por el agua y el hielo» que en su denominación más técnica se les llama «marmitas de gigante». Cuesta también defiende la existencia de otras «Pisadas del Diablo» en la zona, como puede ser la existente en la caída de la Machota Grande, cerca del camino de Zarzalejo, y que es citada en el documento de constitución de la Dehesa Boyal. Sin embargo, hay que destacar que estaría dentro de una finca privada.

La presencia de la leyenda de la Pisada del Diablo en la romería de la Virgen de Gracia

Aun así, la leyenda de la Pisada del Diablo ha estado muy presente en las creencias populares de los vecinos del entorno del bosque de la Herrería. Por ejemplo, en la antigua romería de la Virgen de Gracia, cuando esta se situaba en lo que hoy es una finca privada, se hacía especial hincapié en esta historia. El recorrido de la procesión con la talla contorneaba el muro pétreo coronado por la roca donde estaría la legendaria huella. Asimismo, se recordaba el relato de la muchacha venciendo al Maligno por su fe como uno de los prodigios atribuidos a la Virgen de Gracia.

Romería de la Virgen de Gracia pasando por la Pisada del Diablo

Ya a mediados del pasado siglo y la Virgen trasladada a una nueva ermita (situada en la carretera que asciende a la Silla de Felipe II), la romería se ha adaptado al nuevo terreno, aunque sin olvidar los viejos tintes propios de esta tradición que podría ser anterior a la llegada de Felipe II a estos parajes escurialenses. De hecho, en el pasado siglo, en la incorporación de carretas que acompañan a la imagen de la Virgen de Gracia se podía ver representaciones del Diablo dejando su huella tras ser derrotado por la inquebrantable joven.

Además, no era extraño la difusión de panfletos y romances que contaban en verso la leyenda de la Pisada del Diablo. Estos eran recitados por los devotos ante la imagen de la Virgen de Gracia para ensalzar su victoria frente a la tentación maligna. Uno de estos pliegos es el que recoge la pieza lírica de Guillermo Fernández Shaw, que en 1953 no dudó en inmortalizar esta leyenda como si de un ciego se tratara.

Romance de Guillermo Fernández Shaw sobre ‘La Pisada del Diablo’

En definitiva, la Pisada del Diablo es un testimonio más de cómo una leyenda puede esconder más que una historia de un personajes inocente que se enfrenta al Maligno. Es un mensaje que solo se puede comprender a través los lenguajes del símbolo y del arquetipo. Eso sí, cuando se consigue descifrar el código oculto de una leyenda, uno se da cuenta de que son más que meros cuentos para niños y que se encuentran en el emplazamiento más idóneo y, por qué no decirlo, más insospechado de lo que se piensa.

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