La leyenda de Aitor, el Noé de los vascos

Toda comunidad busca, entre las brumas del pasado, el momento en el que se consolida como tal.  Sin embargo, a menudo, esta tarea se convierte en un auténtico rompecabezas. El paso del tiempo fagocita esos viejos recuerdos que son la base de cualquier pueblo, quedando nublados sin remedio. Y si es un quebradero de cabeza en circunstancias normales, lo es el doble en Euskal Herria, siempre a la vanguardia de los misterios y enigmas más insondables que ofrece de vez en cuando la Historia.

Es por ello que, al no existir cualquier pista lógica y documental, se recurra inevitablemente a la fantasía y a la imaginación, representada por los mitos y leyendas fundacionales. Y en Euskadi, esta situación queda marcada de forma ineludible en la leyenda de Aitor, quien fue creado por el suletino Joseph Augustin Chaho desde la fantasía con un único objetivo: arrojar luz al misterio vasco.

 

Aitor y la llegada de los éuskaros a la Península

Chaho plasmó la leyenda de Aitor íntegramente en su obra Aitor: leyenda cántabra, publicada en 1845, aunque de cántabra tenía poco. Con ella, trataba de explicar el origen mítico de los vascos y su llegada a la Península Ibérica.  Lo que no sabía Chaho es que con su creación literaria estaba fraguando la figura del “Noé de los vascos”.

Augustin Chaho comienza la historia en una escena concreta.  Pone el relato de Aitor en boca de Lara, un várdulo que habría sido nombrado por los bardos cántabros como príncipe y guerrero. Este várdulo, que según el autor suletino aparecería reflejado por el poeta Silio Itálico en su epopeya de la guerra púnica, relata las aventuras de Aitor ante un público de todas las edades frente al roble de Gherekiz. Gherekiz puede referirse a Gerekiz, un barrio de la localidad vizcaína de Morga; toda esta zona estaba repleta de árboles sagrados, aunque el roble mencionado en la leyenda ya no existiría.

Lara comienza diciendo que el “Euskara” quiere decir ciencia del gesto, arte de hablar con las manos. Y la misma palabra sirvió para calificar el idioma primitivo del pueblo llamado “euskalduna”. Sigue afirmando que los celtas y los éuskaros gozan de la misma antigüedad, pero con la diferencia que el pueblo éuskaro ha sido “el creador de la luz social, de la armonía y el bien”, mientras que los celtas “no han inventado más que la guerra, no han sembrado más que ruinas” y sus “obras han sido mezquindad, las matanzas, la superstición y el mal”. Además, añade que les diferencian cuatro rasgos: la lengua, la religión, las costumbres y las leyes.

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Obra Aitor: leyenda cántabra, de Chaho, traducida por Arturo Campión

Después de enmarcar quiénes son los euskaldunes, comienza a relatar que Dios, al que llama Jaungoikoa, realizó una tempestad violenta y terrible que duró un año. Durante esta tempestad, el Oriente del cielo fue destruido y y nadie sabía dónde estaba el Occidente porque el sol permanecía invisible.  Aitor se escondió en una caverna de inaccesible altura mientras veía el pánico y el horror en los demás seres; allí vivió junto a su compañera, con la que tuvo varios hijos, y los animales que le habían seguido a lo que él llama “arca de las montañas”.

Poco después, la Creación fue escenario de un gran incendio y los océanos se secaron, generándose un gran diluvio con el vapor provocado. Lara sigue narrando que no salieron del escondite hasta que los cielos se abrieron, brilló el arco iris y una paloma remontó el vuelo. Tras salir de la caverna, se asentaron en lugares que juzgaron agradables, sobre todo cerca de los ríos que se habían formado. De este modo, fueron fundando ciudades hasta llegar a la Península Ibérica.

Ya en la Península Ibérica, se abastecieron de cereales y de los frutos que daban la encina, el roble verde y el nogal. También se aprovecharon de los cerdos, multiplicados en estas tierras debido a la abundancia de la bellota. Más tarde desarrollarían la agricultura y peor lo pasaron al extraer el hierro, aunque destacaron el conocimiento del oro. De hecho, el monopolio que tuvieron del oro provocaron la avaricia y las primeras guerras para controlar esta materia.

  Tras dominar la agricultura y la extracción del oro comenzaron a estudiar los astros para regular las cosechas, mediante la invención de los primeros números realizados en las ramas de los árboles. Con ello, pudieron determinar las fases solares, las estaciones y la extensión de las semanas y años.

Cuando finalmente crearon una comunidad sólida en la Península, atribuyeron a Aitor el mando de las leyes  y denominó a los habitantes de esta tierra como éuskaros, que serían los antecesores de los íberos.

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Busto de Augustin Chaho en su tumba en Francia

La traducción de Arturo Campión, clave para el futuro de la leyenda de Aitor

La primera mención que realiza Augustin Chaho sobre Aitor tiene lugar en su obra Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos, publicada antes de que Aitor: leyenda cántabra.  En ella asegura que conoció esta figura mítica en una conversación que escuchó a unos pastores, en el que hablaban que todos los vascos eran “hijos de Aitor”.

No obstante, el responsable de que la narración legendaria de Chaho se extendiera por el territorio vasco más allá de Francia fue Arturo Campión, quien decidió traducir Aitor: leyenda cántabra al castellano. Pero la traducción de Campión no fue literal y en ella añadió detalles que desconfiguraron el relato original.

Arturo Campión modifica el número de páginas y completa la leyenda de Aitor con más pasajes, producto de la fascinación que le causó esta historia nada más tener acceso a ella.  Incluso los cambios llegan a afectar a los propios personajes, en los que se atreve a representar los posibles vestidos que llevaban los antiguos vascos o a describir cómo era el calendario semanal para los éuskaros. Por tanto, llegó a modificar tanto el texto original, que era prácticamente difícil detectar los episodios originales plasmados por Chaho, siendo considerado como factor clave para la creación del personaje mítico de Aitor.

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Arturo Campión, se le puede considerar coautor de la leyenda de Aitor junto a Chaho

La leyenda de Aitor y su vinculación bíblica

Queda patente que el relato reflejado por Chaho en su obra Aitor: leyenda cántabra contiene elementos míticos y literarios, pero recibe influencias. El profesor Vahan Sarkisian encuentra en la leyenda de Aitor relaciones con la Biblia. Por ejemplo, detecta que semejanzas con la historia de Noé, así como los escenarios y espacios similares: la montaña bíblica Ararat, un patriarca, un diluvio, incendios, animales atemorizados, el nacimiento de un nuevo género humano, etc. También lo que hace es cambiar la localización, ya que sitúa lo acontecido a Noé en Asia Menor en la Península Ibérica.

Sarkisian resalta en su estudio dos conceptos fundamentales que se extraen de la leyenda de Aitor: por un lado la idea del monoteísmo representado en la obra por el término de Dios en vasco, Jaungoikoa; y por otro lado el del pueblo elegido, “el pueblo elegido por Aitor”.

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Existen muchas similitudes entre la figura de Aitor y el mito de Noé

Este profesor, sin embargo, cree que Augustin Chaho no ha cometido ninguna falsificación o tergiversación de los textos bíblicos para crear su propia obra. Sarkisian opina que el escritor suletino se inspira en los primeros pasajes bíblicos para crear su propia obra. Asegura que Chaho “entra por el Antiguo Testamento y sale por un testamento nuevo, su propio testamento”.

Concluye que el creador de la leyenda de Aitor era hijo de su época romántica, así como el más romántico de todos los vascos. Con su relato, contribuye a la vasquización de un mito universal como es el del Diluvio Universal para explicar el origen de uno de las más misteriosos que existe en el mundo como es el vasco y todo lo que le rodea.

 

 

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