El enigmático pozo de Sarnapotzu que realiza curaciones milagrosas

La Naturaleza engulle a Berriatua y a este no le importa. Y no le importa porque este municipio vizcaíno ha descubierto su forma de ser entre los amasijos de montes poblados por frondosos bosques que lo rodean y parecen no tener fin. Solo el mar, temido y aclamado por los vascos a partes iguales, pone fin a ese baile de verdes que se desata a lo largo del valle del Artibai. Un baile paisajístico que nadie osa interrumpir.

Pero entre esa madeja de pinos que luchan por tener privilegios solares en los alrededores de Berriatua, lo mágico también es posible. Para ello, solo hay que ascender a la ermita de La Magdalena, que advierte que ese lugar es un recinto sagrado; pasar por la cruz de Maala, que asegura al visitante que ya no tiene escapatoria para descubrir los secretos del paraje; y el pozo de Sarnapotzu, que actúa de colofón final en un enclave mágico y misterioso. Colofón que no dejará indiferente a nadie.

Sarnapotzu, el pozo milagroso de Berriatua

A orillas del río Olaso, en medio de la espesura del bosque, se encuentra Sarnapotzu. No es un gran manantial de agua por donde brota una cascada, sino que se trata de un pozo sin fondo como cualquier otro en el que se extrae agua. Sin embargo, los múltiples pañuelos y trozos de tela que adornan las ramas que lo cubren y su denominación (significa “pozo de la sarna” en castellano) son reveladores. No es un pozo cualquiera: tiene propiedades mágicas.

Desde tiempos que los lugareños de Berriatua no recuerdan, Sarnapotzu ha sido un enclave al que acudir cuando los vecinos del valle del Artibai tenían algún problema en la piel. Sobre todo, era el lugar al que acudían aquellos enfermos de sarna, una afección provocada por un ácaro que no fue identificado hasta mediados del siglo XIX. Por ello, durante siglos, los habitantes de la zona, recurrían a la medicina popular donde lo médico y lo mágico creaban una conjunción necesaria para curar males.

De este modo, Sarnapotzu fue uno de esos escenarios médicos en los que las curaciones cutáneas milagrosas podían suceder, aunque había que seguir un procedimiento específico, según la tradición. Primero, hay que mojar un pañuelo en el agua del pozo y colocarlo en aquellas partes del cuerpo que sufran la enfermedad; tras realizar una oración rogativa para que el mal cese, se procede a colgar el mencionado pañuelo en las ramas que cubren al pozo catalogado de milagroso.

Tras realizar el ritual, las aguas de Sarnapotzu harían lo demás, y como si de un prodigio se tratase, curarían los problemas de la piel. Hoy en día, como atestiguan las decenas de pañuelos que hay colgados en los bordes del pozo, esta tradición está lejos de desaparecer, donde vecinos de Berriatua y alrededores acuden a este recinto para que la magia curativa haga gala de su aparición.

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Sarnapotzu, en los alrededores de Berriatua

 

La ermita de La Magdalena, testigo de los milagros de Sarnapotzu

No obstante, los pañuelos colgados sobre Sarnapotzu no son los únicos que demuestran que el pozo es un lugar mágico. A unos 350 metros se encuentra la ermita de La Magdalena, que intenta avisar sobre la sacralidad de aquel enclave, más allá de curaciones mágicas y milagrosas.

Aunque fue construida en el siglo XVI, la ermita de La Magdelna está erigida sobre otro templo anterior. Así lo demuestra el enigmático grabado de una figura antropomórfica que parece sujetar dos objetos circulares en ambas manos y que se encuentra plasmado en la cara norte de la ermita. No se sabe el significado de este grabado, pero puede reflejar cierta creencia naturista que podría estar directamente relacionado con Sarnapotzu.

Esa posible vinculación naturista de la ermita de La Magdalena con Sarnapotzu se encuentra en una leyenda que tuvo lugar en este emplazamiento. Esta narra que una mujer consiguió curarse de forma milagrosa de una afección cutánea en el pozo mágico. Ante tal prodigio, decidió crear una choza que haría las funciones de hospital y que situó enfrente de la ermita. Desde esta choza, la mujer guiaría a los enfermos hasta el pozo y les explicaría el ritual que había que realizar para conseguir los beneficios medicinales de sus aguas.

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Ermita de La Magdalena, en Berriatua

 

La cruz de Maala, una cruz para espantar malos espíritus

Siguiendo el camino de la ermita de La Magdalena, se halla la cruz de Maala, situada en ese lugar por motivos mágicos y protectores. La cruz de Maala sirve como guía para llegar al Sarnapotzu, pero también para evitar que los malos espíritus se pudieran adueñar de un recinto como este.

La cruz de Maala, que como curiosidad significa “enfermedad” en hebreo, está situada en un cruce de caminos, donde lo misterioso cobra forma. Diferentes culturas a lo largo de la Historia han asociado a las encrucijadas con lugares en los que se puede acceder al Más Allá, cuyas fuerzas no siempre son halagüeñas; de hecho, se han vinculado con los malos espíritus e incluso con el Diablo. Es por este motivo que en el norte de España, como en otros rincones de la Península, es habitual colocar los famosos “cruceros” en las encrucijadas como medida protectora con el objetivo de ahuyentar el Mal sea como sea. Y más en una zona donde lo mágico, lo prodigioso y lo imposible está  a la orden del día todavía.

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La cruz de Maala situada en un cruce de caminos, en Berriatua

 

 

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