El misterioso río gallego que los romanos no cruzaban por miedo a perder la memoria

Una extraña fiesta se celebra a finales de agosto en la localidad de Ginzo de Limia, provincia de Ourense. Bajo el nombre de “Festa do Esquecemento” (fiesta del olvido), sus habitantes rememoran un curioso suceso histórico que aconteció en tiempos de la conquista romana y que tiene como escenario el río Limia.

A día de hoy, el río Limia, que transcurre por Galicia para morir en Portugal, tiene cierta importancia geográfica. Sin embargo, en tiempos romanos era un lugar a evitar, so pena de olvidar la memoria para siempre. El temor que infundía esta corriente de agua en las tropas imperiales solo se entendía si se acudía a la mitología griega, heredada después por Roma en cierto modo.

 

El Limia, considerado como el río Lethes de la mitología griega

En la mitología griega se habla del río Lete (Lethes en latín) como uno de los cursos de agua que hay en el Hades, el inframundo griego. De él se dice que todo aquel que surque por sus aguas o se digne a beber de ellas perderá la memoria para siempre. Este río mitológico estaría consagrado a Trofonio, que pasó de ser héroe a ser demonio como todo mortal que cae en desgracia.

Cayó en decadencia Grecia, pero no algunas de sus ideas, que fueron adoptadas por la incipiente Roma. Una de ellas fue la creencia de la existencia del río Lethes o Flumen Oblivionis (“Río del Olvido”) en algún lugar remoto y a la vez alcanzable. Y cómo no, aquí entra en escena la inhóspita Península Ibérica, desconocida para aquellos hombres, la que Vicente Risco describe como un territorio de “selvas y desiertos donde moran grifos, trasgos, hiperbóreos, pigmeos, acéfalos, célebres y endriagos”.

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Río Limia, a su paso por Galicia

Las fuentes antiguas comienzan a situar el río Lethes en las zonas de Galicia, lugar donde se encontraba el Finis Terrae y comenzaba el mar tenebroso. Estrabón aseguraba que al norte del río Limia se hallaban los famosos Campos Elíseos, pero también aseguraba que antes se debía cruzar este río al que asociaba con el Río del Olvido.  Para qué llegar al paraíso si has perdido por el camino todos los recuerdos que tenías…

 Silio Itálico asegura que aquel río evoca el más allá. Esto no deja de ser una referencia a la concepción que se tenía de las tierras hispanas, relacionadas con el límite hasta donde pueden llegar los mortales (el océano Atlántico se consideraba como el abismo y los habitantes de Hispania como los moradores que estaban al borde del abismo).

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Recuerdo de la leyenda del río Limia en el Ponte da Lima, Portugal

Los romanos también se vieron influenciados por las historias que contaban los autóctonos, que decían que el río Limia desembocaba en el Más Allá. Estrabón también  cita que los célticos y túrdulos se rebelaron en los alrededores y que tras intentar cruzar el cauce, el jefe desapareció en él y los soldados quedaron dispersos.

El Limia, por tanto, quedó marcado como unas aguas misteriosas que era mejor no cruzar, pues las desgracias se cebarían con los atrevidos. Esta creencia estuvo presente hasta que un valiente decidió enfrentarse a la leyenda y vadear el río. Se trata de Décimo Junio Bruto.

 

Décimo Junio Bruto y su valentía de cruzar el río Limia

Tito Livio es el encargado de relatar las andanzas de Décimo Junio Bruto por las riberas del río Limia, que a la poste lo transformarían en un héroe militar. A pesar de que la presencia romana en la Península Ibérica ya estaba más que asentada, entre 138 y 136 a.C. los irreductibles lusitanos y galaicos resistían al invasor en el noroeste a las órdenes del caudillo Tantalo, sucesor del mítico Viriato.

Las tropas imperiales no conseguían cruzar el río Limia por su cara sur, convirtiéndose un verdadero dolor de cabeza para los generales. Acampados en la orilla de enfrente, las tribus autóctonas eran conscientes del miedo atávico que provocaba aquel río a sus enemigos.

Para la misión de reducir a los indígenas del noroeste peninsular se escogió a Décimo Junio Bruto. Fue enviado a Hispania después de un paso breve por la cárcel por motivos políticos, siendo su destino militar una especie de escarmiento. A Décimo Junio Bruto le tocaba demostrar que era un general a la altura del glorioso Imperio romano.

Después de conseguir neutralizar las escaramuzas de sus enemigos en Lusitania, llegó a la orilla sur del Limia. En el momento que se disponía a cruzar sus aguas, vio que sus hombres no le seguían. Estos hicieron valer la vieja historia de que aquel río era el Lethes o Río del Olvido, por lo que se negaron a atravesarlo con el pretexto de que no querían perder su memoria.

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Décimo Junio Bruto cruzando el río Limia

Ante esta situación límite, Décimo Junio Bruto tiró de galones para hacer frente a una leyenda que juzgaba sin sentido. Con la únicas protecciones de su gladius y su valor, el general decidió vadear el río de lado a lado. Cuando llegó a la otra orilla, hizo una señal a sus soldados y comenzó a gritar uno a uno los nombres de todos los miembros de su ejército. De esta forma, demostraba que el Limia no era el infernal Lethes de la mitología griega.

Al ver que su líder no había olvidado la memoria, el temor desapareció en los romanos y cruzaron las aguas de igual manera que Décimo Junio Bruto lo había hecho. Es así como finalmente traspasaron la frontera con la que tantos generales se habían chocado una y otra vez.

Los lusitanos y los galaicos no esperaban este movimiento inesperado, por lo que fueron pillados sin una defensa capaz de impedir el avance invasor. De hecho, consiguieron derrotar a un ejército de 60.000 hombres que había sido sorprendido en las cecanías del Miño. A partir de este momento, Décimo Junio Bruto recibió el apodo de “el Galaico” y aquellas tierras pasaron a formar parte de la Gallaecia.
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Recreación de los romanos atravesando el legendario río Limka
Después de su éxito en Hispania, el general que había sido vilipendiado por asuntos políticos regresaba a la Ciudad Eterna entre honores. Con el paso de los años sería nombrado procónsul en Lusitania debido a todos sus méritos en el campo de batalla y a su fama de gran orador, aplaudida incluso por el mismísimo Cicerón.
La heroicidad de “el Galaico” no se olvidó, nunca mejor dicho, y llegó a nuestros días. Es por este motivo que los vecinos de Ginzo de Limia rememoran este hecho histórico en cada Festa do Esquecemento, con la misión única de que el río Limia no borre de la Historia, con la leyenda transportada por sus aguas, una curiosa y bonita  anécdota.
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