Los misterios y leyendas de Sintra que no cuentan a nadie

Todo aquel que crea en la magia tiene como obligación perderse por los rincones de Sintra. El insigne Lord Byron, en busca de esa soledad romántica que luego plasmaba en sus obras, llamó a la exuberante ciudad portuguesa como “el nuevo paraíso”. Pocos años, después el gran cuentacuentos Hans Christian Andersen, buscó inspiración en los inigualables paisajes de Sintra, de la que llegó a decir que se sentía como en su Dinamarca natal. Cada obra, cada palabra esbozada por las plumas de estos autores, llevaba esbozada la esencia de Sintra.

Quien haya visitado la famosa Quinta da Regaleira y no haya salido como una persona tras perderse por sus vericuetos laberínticos es que poco o nada entiende de magia. Y no la magia que hace el hechicero, sino la que la vida pone a disposición del viviente para vivir vívidamente.

Pero Sintra no es solo la Quinta da Regaleira como piensan casi todos los que arriban a este lugar. Mientras los turistas se agolpan en la enigmática finca patentada por el masónico escultor Carvalho Monteiro, decenas de misterios y leyendas permanecen ocultas esperando a que algún curioso tenga la valentía de adentrarse en sus secretos. Y es en ese momento cuando Sintra se pone sus mejores galas para recibir a ese indómito perseguidor de lo desconocido, capaz de asombrarse con las más bellas historias que se pueden escuchar. Y eso, simplemente, tiene un nombre: magia.

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El misterioso templo dedicado a la Luna y las leyendas del Castelo dos Mouros

Sintra dio sus primeros pasos de la mano de las águilas de Roma. Perteneciente a la mítica ciudad de Olissipo, actual Lisboa y de la que se decía que había sido fundada por el mismísimo Ulises, la Sintra romana era más importante que lo que se piensa. Y no lo era por motivos políticos o militares, sino por causas que superan toda lógica: era un espacio sagrado, un recinto donde, de vez en cuando, se podría manifestar la divinidad.

La creencia popular aseguraba que en lo alto de Sintra la divinidad femenina en forma de la Luna protegía al lugar de cualquier inclemencia. La Luna, por tanto, sería la gran vigía nocturna de los designios de aquel pequeño municipio romano. Una vigía a la que había que rendir culto.

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Por ello, en lo alto de Sintra, los habitantes decidieron crear un Templo de la Luna, que pasó a ser conocido popularmente como el Mons LunaeAsí, la divinidad femenina que custodiaba la zona cada noche ya tenía un recinto sagrado donde poder comunicarse con los mortales. Comunicación que se llevaría a cabo siempre y cuando hubiera una incesante veneración y algún que otro sacrificio de por medio.

De esta forma, lo que hoy es una gran atracción turística en Portugal, ya lo fue en tiempos de Roma. Las peregrinaciones que se hacían a este Templo de la Luna de Sintra fueron de tal magnitud, que la sierra de Sintra era denominada por Claudio Ptolomeo como la “Sierra de la Luna“, pues era el espacio donde la diosa atendía de forma misteriosa las peticiones de unos seres humanos que se veían superados por lo desconocido. A día de hoy, aquel templo lunar quedó plasmado para la posteridad en la toponimia, conociéndose al monte donde estaba ubicado como el Monte da Lua (“el monte de la Luna”).

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Monte da Lua de Sintra, donde habría estado situado el mítico Templo de la Luna

El Templo de la Luna habría estado erigido donde en la actualidad se levanta el conocido como el Castelo dos Mouros. Como su nombre indica, fue construido durante la presencia musulmana en Sintra, y como cualquier castillo, no está exento de leyendas que merecen la pena ser contadas. En este caso, una historia que tiene como protagonista a Alfonso Henriques, el primer rey de Portugal.

Cuenta la leyenda que Alfonso Henriques había reconquistado Santarém a los musulmanes e iba en dirección hacia Lisboa para entrar en la ciudad allá por 1147. Pero antes de ello, tenía que tomar la plaza de Sintra, que todavía estaba bajo la bandera de la Media Luna islámica. El futuro rey portugués, con el miedo de que los soldados musulmanes pudieran atacar a sus huestes desde el Castelo dos Mouros, trazó un plan que solo unos aguerridos caballeros podrían realizar. Y esos caballeros eran, nada más y nada menos, que los Templarios.

Alfonso Henriques mandó a un caballero templario que formara un ejército pequeño de 20 hombres para observar que no había ningún movimiento extraño en Sintra que pudiera desembocar en un ataque enemigo.  El escueto grupo de Templarios avanzaban de noche para no ser vistos y sabían que eran inferiores en número, por lo que cualquier error podría ser fatal. Sin embargo, cuando menos lo esperaban, una gran aliada se unió a ellos.

Cuando la veintena de Templarios se encontraban escondidos en los alrededores de Colares vigilando Sintra, tuvieron una misteriosa aparición de la Virgen, que les dio un mensaje que desvaneció cualquier temor a ser atacados: “No tengan miedo porque son veinte, pero son mil; y son mil porque son veinte“.

“Não tenhais medo, porque ides vinte, mas ides mil; mil ides porque ides vinte”

Aquella frase pronunciada por la Virgen aumentó la moral de los Templarios a la orden de Alfonso Henriques, decidieron adentrarse de noche en el Castelo dos Mouros, y cuando los musulmanes dormían, realizaron un ataque por sorpresa que finalizó con la toma del castillo de Sintra. Así fue reconquistada la plaza que allanaría el camino hacia la entrada final cristiana en Lisboa.

La aparición mariana fue tomada como un milagro, por lo que decidieron levantar una capilla en honor a Nuestra Señora de Melides, que viene de esos “mil ides” o la fuerza de mil hombres concentraba en 20 misteriosos Templarios que recuperaron Sintra para el cristianismo en un acto heroico y legendario a partes iguales.

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Castelo dos Mouros, en Sintra

La Cova da Moura donde se aparecería el fantasma de Zaida

Pero antes que el Castelo dos Mouros cayera en manos cristianas, era dominado por los musulmanes con mano de hierro. Hasta el punto que era sus mazmorras se convirtieron en un hervidero de prisioneros que vivían en condiciones infrahumanas y eran encerrados prácticamente hasta su muerte.

Uno de esos prisioneros, según la leyenda, fue un guerrero cristiano capturado en una de las múltiples batallas que hubo en la zona de Portugal entre ambas religiones. Pero no solo los cristianos se apenaron por su captura, sino también la joven Zaida, hija del gobernador musulmán de Sintra.

Zaida estaba perdidamente enamorada por aquel cristiano que había sido encerrado en las cárceles subterráneas del Castelo dos Mouros. Por ello, aprovechando las sombras de la noche, la joven se acercó a la prisión para ver a aquel hombre que ocupaba su corazón. Allí, Zaida cogió la llave de la celda y liberó al guerrero cristiano, que no dudó en decir a la musulmana que huyera lejos junto a él. Zaida se negó, aunque pidió al recién liberado que, por favor, jamás se olvidase de ella. Él así lo prometió.

Sin embargo, el audaz guerrero cristiano, con el tiempo, se enroló en el pequeño ejército de 20 Templarios que tomaron el Castillo dos Mouros apoyados por la Virgen. Pero la desgracia se apoderó de él, pues fue alcanzado por el enemigo y herido gravemente. Zaida, al ver lo ocurrido desde la torre donde contemplaba el asalto, decidió romper su cerco de seguridad y bajar a pie de batalla para socorrer a su amado.

La hija del gobernador musulmán de Sintra, presa de la desesperación, consiguió fuerzas de flaqueza y arrastró el herido cuerpo de aquel guerrero hasta una cueva que había cerca de la fortaleza donde estaba teniendo lugar el encarnizado combate. Tras haber realizado las primeras curas al cristiano, Zaida decidió salir de la cueva en busca de agua, pero un fuego cruzado de flechas alcanzó a la joven, hiriéndola de muerte. Ella intentó reptar hasta la cueva donde se encontraba su amado. Y allí, en el pecho del moribundo caballero, murieron ambos en medio del fragor de la batalla. La gruta comenzó a ser conocida como la Cova da Moura, situada en las faldas del castillo y cuenta la leyenda que, tras aquel episodio, algunas noches se puede oír los lamentos del fantasma de Zaida mientras se aparece con una túnica blanca y con una jarra llena de agua derramándola a la nada.

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Cova da Moura (Sintra), donde se aparecería el fantasma de Zaida

La Tumba de los Dos Hermanos que recuerda los celos por una mujer… y a los Templarios

Los amores entre cristianos y musulmanes, durante y después de la Reconquista, tuvieron que estar a la orden del día, como ha quedado registrado en la leyenda de la Cova da Moura. No obstante, hay otra historia similar envuelta en misterio que tiene su escenario en el sepulcro que en Sintra se conoce como “la Tumba de los Dos Hermanos“.

La Tumba de los Dos Hermanos tiene su origen una leyenda con grandes visos de realidad histórica. Según esta historia, dos caballeros hermanos se habían enamorado de la misma mujer, es decir, de una bella doncella morisca que cada noche esperaba a uno de ellos desde el balcón de su casa. La joven se veía cada noche con uno de los dos hermanos, pero ellos no sabían que compartían a la misma mujer.

Los dos hermanos estaban nublados por el amor hacia aquella morisca. Hasta que un día, tras jugar con fuego durante muchas noches, ambos hermanos coincidieron en el balcón de la doncella que estaban compartiendo. La ira y los celos olvidaron cualquier parentesco familiar y los dos hermanos blandieron sus espadas en un duelo a muerte, mientras los gritos de la joven se oían desde la ventana. Finalmente, uno de ellos cayó al suelo y fue el momento en el que el hermano asesino se dio cuenta que había quitado la vida a su hermano cegado por amor. Presa de rabia y de arrepentimiento, el hermano que seguía con vida cogió su espada y  atravesó todo su pecho con ella, quitándose la vida para morir junto a su hermano.

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Tumba de los Dos Hermanos, en Sintra

El suceso causó gran impacto en Sintra, por lo que decidieron enterrar a los dos hermanos juntos en la Iglesia de San Pedro de Penaferrim. Y en este templo se han conservado sus restos en la Tumba de los Dos Hermanos. El evento más curioso que ha tenido como testigo a dicha tumba tuvo lugar el 7 de abril de 1830, cuando deciden abrir la Tumba de los Dos Hermanos. La sorpresa que se llevaron los vecinos de Sintra fue mayúscula: ¡solo había restos de una única persona!

En la actualidad, el túmulo se encuentra en una carretera del barrio de San Pedro en dirección hacia Sintra. Lo más llamativo de la Tumba de los Dos Hermanos es la presencia de dos estelas con cruces patadas, el símbolo sine qua non de los Templarios. Además, la leyenda ejemplifica muy bien el conocido como como “sello templario” donde se ve a dos hermanos templarios montados en un mismo caballo que reflejaría un mismo destino. ¿Es, por tanto, la leyenda de la Tumba de los Dos Hermanos una historia velada para ocultar que esos dos hermanos pertenecían a la enigmática orden de los Templarios?

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Una de las dos estelas templarias que se pueden apreciar en la Tumba de los Dos Hermanos en Sintra

Los enigmas de Fray Honorio en el convento de los Capuchos

En lo alto de la Sierra de Sintra, un enigmático centro espiritual se encuentra en ruinas y abandonado a su suerte. Se trata del convento de los Capuchos, uno de los enclaves más misteriosos de Sintra y que poca gente conoce.

La construcción del convento de los Capuchos ya está de por sí envuelta en un halo misterioso que tiene que ver con extrañas visiones. La leyenda cuenta que fue construido en el siglo XVI en esa ubicación porque en ella João de Castro, virrey de la India, tuvo un sueño que le revelaba que tenía que crear allí mismo un templo cristiano. El sueño ocurrió tras quedarse dormido de repente al perseguir a un insólito ciervo que había aparecido de la nada.

Pero hablar del convento de los Capuchos es hacerlo de Fray Honorio, un personaje misterioso cuya vida sigue creando muchos interrogantes.  Este fraile fue de los primeros religiosos en retirarse en el convento, pero un suceso sobrenatural le hizo cambiar para siempre su vida como eremita.

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Convento de los Capuchos, en Sintra

Fray Honorio se encontraba paseando por los alrededores del convento de los Capuchos cuando, sin imaginárselo, se encontró a una enigmática joven de gran belleza en medio del monte. El religioso no entendía qué hacía una joven de tal belleza en un lugar tan inhóspito sin compañía alguna. Pero la dama, ante la sorpresa de Fray Honorio, pidió que le confesara, a lo que el fraile accedió no sin un claro gesto de perplejidad.

Sin embargo, cuando empezó a confesarla, aquella joven comenzó a insinuarse a Fray Honorio, que luchaba en su interior por evitar caer en la tentación de rendirse ante aquella dama de belleza inconmesurable. Cerró los ojos y comenzó a pedir ayuda a Dios, a la vez que la joven se iba acercando más y más al religioso. Cuando estaba a un palmo de besarle, Fray Honorio realizó la señal de la cruz y aquella misteriosa doncella exhaló un fuerte grito, desapareciendo para siempre. Finalmente, comprendió que aquella presencia había sido el Diablo en cuerpo de una mujer, que había intentado tentar al fraile. Para bendecir el lugar, se decidió colocar una cruz conmemorativa donde el Diablo había sido derrotado.

Tras este evento, Fray Honorio decidió aislarse durante más de 30 años en una cueva aledaña al convento de los Capuchos. Allí realizó penitencia ante el asombro de sus compañeros de comunidad, que no sabían cómo se alimentaba si no salía de aquella gruta.  Se dice que Fray Honorio vivió más de 100 años y tras su muerte, fue enterrado en la cueva donde se había encerrado. Su historia llamó la atención incluso del mismísimo Felipe II, siempre atraído por lo sobrenatural, que nada más ser nombrado  como rey de Portugal decidió visitar el convento de Sintra para conocer de primera mano las misteriosas y legendarias historias que se contaban de Fray Honorio.

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Cruz en el lugar donde Fray Honorio se encontró con el Diablo, al lado de la cueva donde se retiró

La misteriosa lluvia de piedras que cayó sobre la Quinta da Penha Verde

Queda patente que Sintra rezuma misterios y leyendas por los cuatro costados, pero también han ocurrido sucesos sobrenaturales no hace mucho tiempo y que sobrepasan lo paranormal.

Era el 17 de octubre de 1982 al atardecer. Al menos una docena de personas se encontraban en la Quinta da Penha Verde, una de las fincas situadas en los terrenos más altos de Sintra. Todo parecía un día más, sin importancia, hasta que un extraño fenómeno se desató en la quinta. De pronto, cuando el sol ya había caído sobre la Quinta da Penha Verde, una misteriosa lluvia se apoderó de la finca. Pero no era una lluvia común (en Sintra no había nube alguna aquella noche).  Lo que empezó a caer sobre la quinta fue algo inusual: llovían piedras del cielo.

El misterioso fenómeno de la lluvia de piedras provocó el temor en todos los que se encontraban en la quinta. Presos del pánico, no tuvieron otra opción que llamar a las fuerzas de seguridad. Por ello, tomaron la decisión de llamar a la comisaría más cercana de la Guardia Nacional Republicana, que no tardaron en personarse en el lugar de los hechos al encontrarse en la parte baja de Sintra. También acudieron a la llamada de emergencia los Bombeiros Voluntarios por si era necesario socorrer a alguna persona.

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Quinta da Penha Verde, finca de Sintra donde ocurrió la misteriosa lluvia de piedras en 1982

Una vez en la finca, las fuerzas de seguridad se toparon con lo insólito. Fueron recibidas con una lluvia de guijarros de bienvenida, pero lo más llamativo es que las piedras no hacían ningún rasguño a las personas. Solo se cebaba con el mobiliario de la quinta y con las chapas de los coches policiales y de los bomberos. Las piedras que caían del cielo lo hacían a altas temperaturas y como el extraño fenómeno parecía no querer cesar, se vieron obligados a pedir refuerzos en localidades cercanas a Sintra.

La lluvia de piedras en la Quinta da Penha Verde se alargó durante toda la noche. La veintena de efectivos, entre guardias y bomberos, que estaban en el lugar de los hechos tuvieron que abandonar la finca al no poder hacer frente a un misterio que se escapaba de toda lógica. La sobrenatural lluvia pétrea únicamente cesaría a la mañana siguiente, cuando la familia residente y los trabajadores abandonaron la finca en busca de un refugio seguro.

Lo acontecido aquella noche de 1982 en la quinta de Sintra estaría relacionada con el fenómeno de la litotelergia. Según la Parapsicología, se trata de un fenómeno parafísico consistente en el lanzamiento inexplicable de piedras desde el cielo, sin causas físicas ni naturales. Suele ir acompañada del conocido fenómeno del “poltergeist”, aunque en ningún momento provoca daños humanos. Lo que vivieron durante aquella noche en la Quinta da Penha Verde es un ejemplo más de que en Sintra, el visitante puede encontrarse con el misterio cuando menos se lo espera.

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