La bruja Tontorgorri que aterrorizó a los vecinos de Ezkurra

Hoy en día, los pocos vecinos que viven en el pueblo navarro de Ezkurra lo hacen de forma armoniosa y sin sobresaltos. Y no es para menos, pues sus alrededores formados por paisajes de ensueño invitan a cualquiera a perderse entre verdes prados y frondosos bosques de los montes y valles que culminan con los Pirineos. Eso por no hablar de los tradicionales caseríos que conforman Ezkurra.

Sin embargo, esa tranquilidad que caracteriza a Ezkurra se vio alterada a finales del siglo XIX y a principios del XX. De hecho, los lugareños más ancianos fruncen el ceño o no quieren saber nada del tema. Porque hubo un tiempo en que este pueblo de Navarra vivía intranquilo y atemorizado por alguien. Alguien que recordaba aquellas viejas historias de brujas y persecuciones en el País Vasco y Navarra en busca de esas mujeres que, en mitad de la noche, se reunían en tenebrosos aquelarres para adorar al Diablo. Hoy Ezkurra y sus vecinos viven sumidos en la tranquilidad, pero no hace mucho tiempo aún evitaban hablar sobre una mujer que provocó el terror en sus angostas calles y peculiares caseríos: la bruja Tontorgorri.

Tontorgorri, el prototipo de clásica bruja vasca

Juan Garmendia Larrañaga muestra a la Tontorgorri como el arquetipo de bruja que se extiende a lo largo del País Vasco y Navarra. Es descrita como una mujer anciana, desarrapada cuyo extraño comportamiento siembra prejuicios y desconfianzas en sus vecinos, todo producto del temor.

La bruja Tontorgorri, atendiendo al prototipo de bruja del norte peninsular, tiene unos poderes concretos que provocan el miedo de las personas que viven cerca de ella. Es capaz de transformarse en animales cuando lo desea para asustar a la gente o no ser detectada. Esta característica se repite una y otra vez en los casos de brujería, así como en los procesos de fe realizados por la Inquisición a aquellas mujeres acusadas de una condición que corrió como la pólvora por una Europa temerosa de los designios diabólicos.

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Representación de la brujería clásica por el pintor Francisco de Goya

 

Por otro lado, la Tontorgorri tiene la facultad de provocar situaciones sobrenaturales a través de remedios mágicos y supersticiosos que la separan de las prácticas cotidianas de sus vecinos. Esto entronca directamente con la idea de la hechicera, que no es lo mismo que una bruja, aunque el desconocimiento de aquellos que conviven con ella relacionan las prácticas hechiceriles con la brujería.

Y finalmente un factor que convierte a la Tontorgorri como un ejemplo más de la brujería clásica es que su condición de bruja debe traspasarla a otra persona antes de morirse. De hecho, dentro de la brujería vasca clásica ( y europea, en general) la bruja no consigue morirse hasta que alguien pase a adquirir los supuestos poderes que tiene. Así, las facultades sobrehumanas que poseen las brujas nunca se perderían y se prolongarían generación tras generación.

 

La bruja Tontorgorri asusta a dos hombres de Ezkurra

El primer caso en relación con la bruja Tontorgorri tuvo como protagonistas a dos hombres a los que le cambió la vida aquel encuentro. Era un domingo al anochecer, cuando dos vecinos de Ezkurra se encontraban en la taberna del pueblo en situación dicharachera, charlando sobre cómo les había ido la semana. No obstante, cuando vieron que el sol se estaba ocultando, entendieron que era el momento de retornar a sus respectivas casas a descansar.

Cuando salieron de la taberna del pueblo, a pocos metros se cruzaron con una misteriosa anciana escondida entre las sombras. Los dos hombres no tardaron en identificarla: era la Tontorgorri, esa mujer de avanzada edad que las malas lenguas decían que bruja. Aun así, poco importó la enigmática fama que tenía aquella anciana entre los vecinos a uno de aquellos hombres, quien decidió tirarle una piedra para espantarla. Esto no hizo mucha gracia a la Tontorgorri, que se retiró a su casa con una clara sed de venganza reflejada en su rostro. Venganza que se cobraría a los pocos minutos.

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Ezkurra, pueblo de Navarra donde vivía la bruja Tontorgorri

Cuando ambos vecinos de Ezkurra continuaban su camino de regreso a casa, a la altura del lugar donde residía aquella anciana de cuestionable reputación, se toparon con una dantesca escena. En el balcón, se encontraba la Tontorgorri abierta de piernas, lanzando a los dos hombres una mirada desafiante mientras sostenía en una vela encendida en una de sus manos. En esta ocasión no fue uno, sino los dos señores quienes comenzaron a tirarla piedras desde la calle. Pero lo curioso es que ninguna llegaba a alcanzar a la anciana. Esto les pareció extraño, aunque el encuentro con lo sobrenatural todavía estaba por llegar.

Ya en noche cerrada, los dos vecinos tenían que cruzar un lodazal para llegar a sus casas. Cuando arribaron a este, un extraño asno apareció de la nada e interrumpió su camino. Pensando que podría ser de alguien conocido que no se habría dado cuenta que el animal se había escapado, los dos amigos intentaron atraparlo. Sin embargo, de repente, cuando intentaron atrapar al asno, el animal se esfumó en el aire de forma inexplicable. Los dos hombres, presas del pánico, comenzaron a acelerar el paso para buscar refugio en sus casas, conscientes que aquel asno era la metamorfosis de la bruja Tontorgorri, que había hecho uso de sus insólitos poderes para cobrarse su venganza.

La bruja Tontorgorri levanta una carreta de forma misteriosa

Otro caso misterioso relacionado con la bruja Tontorgorri aconteció en el caserío Paskualena, situado también en Ezkurra. En dicho caserío vivían dos jóvenes hermanos que se dedicaban al transporte de hierbas y paja para la ganadería. Las labores de ambos se limitaba a almacenar este tipo de alimento para los animales y llevarlo a las distintas granjas y vecinos con ganado a través de una carreta, que era su medio de trabajo.

No obstante, en una ocasión cargaron demasiado la carreta con hierba, provocando que esta se volcase. Mientras los dos hermanos intentaban sin éxito poner en pie la carreta, apareció delante del caserío Paskualena la anciana Tontorgorri, que se ofreció a ayudarlos. A pesar de la desconfianza inicial de los hermanos (sabían todas las historias que se contaban sobre aquella mujer), no tuvieron más remedio que aceptar su ayuda.

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Caserío Paskualena (Ezkurra), donde la bruja Tontorgorri realizó demostró sus misteriosos poderes

La Tontorgorri sacó un fajo de astillas de su bolsillo  y comenzó a ponérselas por toda la cabeza ante la atónita mirada de los dos jóvenes. Después, tras unos minutos, volvió a quitarse las astillas que se había colocado en la cabeza y las tiró junto a la carreta volcada. De repente, la anciana agarró la carreta y con una fuerza descomunal consiguió ella sola poner recta aquel transporte sin quitar un solo ramo de la hierba que tenía.

La cara de los dos hermanos, al ver cómo una mujer de avanzada edad y delgada levantaba kilos y kilos ella sola, vino a demostrar que la Tontorgorri era temida por razones más que justificadas. Se dieron cuenta que aquella señora poseía unas misteriosas facultades que la diferenciaban de cualquier vecino de Ezkurra.

 

La siniestra muerte de la Tontorgorri para que no traspasara sus poderes de bruja

Finalmente, el último suceso que se conoce sobre la bruja Tontorgorri tiene que ver con su enigmática muerte. Debido a su avanzada edad, la anciana vecina de Ezkurra no pudo evitar los achaques del paso del tiempo, por lo que entre fiebres aguardaba a su fallecimiento en una cama.

Aun así, sus familiares conocían su condición de bruja y todo lo que se contaba sobre que tenían que traspasar sus poderes a otra mujer antes de fenecer. Por ello, se pusieron en contacto con el cura de Ezkurra, a quien pidieron consejo para evitar que la anciana pudiera convertir en bruja a otra vecina.

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Iglesia de la Asunción de Ezkurra, donde acudieron los familiares de la Tontorgorri

El religioso fue drástico en su decisión, ya que no quería que el temor que había en el pueblo siguiera prolongándose en el tiempo. El cura aconsejó a los familiares de la bruja Tontorgorri que metieran hierba en la boca de la mujer cuando estuviera dormida, pues aseguraba que la condición de bruja se traspasaba a través del aliento.

La familia hicieron caso de los consejos, metieron en la boca de la Tontorgorri un fajo de hierba y esta murió ahogada. Así, no hubo más brujas en Ezkurra  y por fin el pueblo navarro respiró aliviado de un pánico brujeomaniático que llevaba alargándose desde siglos por todo el País Vasco y Navarra.

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