El dolmen de Entretérminos: un atropello arqueológico en la Comunidad de Madrid

Los antiguos lo construyeron para dejar testimonio de su paso por la sierra de Guadarrama, como si se tratara de un mensaje a ese Hombre del futuro que ha olvidado que hubo un tiempo donde lo mágico era parte de la vida cotidiana. Ese mensaje se fue difuminando con el paso de los milenios hasta perder parte de su significado, pero el halo extraordinario y singular permanecía intacto gracias a ese conjunto de moles de piedra que podían hablar al Hombre actual solo con su presencia.

Estas moles de piedra sobrevivieron a inundaciones que no consiguieron destruirlo; se hicieron fuertes ante el paso del tiempo sin notar esos inclementes achaques; y fueron capaces de rozar la eternidad gracias al temor respetuoso que infundían en los diferentes pueblos que llegaban a la sierra de Madrid, que contemplaban aquel recinto sagrado como una muestra de adoración de los primeros pobladores a un dios desconocido.

Solo podía haber un factor que acabara con esas piedras eternas y convertirlas en ceniza: el ser humano actual. Y haciendo gala de su desconocimiento y de su verdadera condición, el ser humano actual no dudó en borrar de la Historia el conjunto megalítico más importante que existía en la Comunidad de Madrid como fue el dolmen de Entretérminos.

Situado en el término municipal de Collado Villalba, casi al lado de Alpedrete, la historia de este dolmen y su triste final se resume fácilmente con un titular: crónica de un atropello a lo mágico.

Dolmen de Entretérminos (imagen propia)
Fotografía en el lugar donde estaba el dolmen de Entretérminos

 

El dolmen de Entretérminos: historia de un ultraje

Corría el año 1934. Demetrio Bravo, un vecino de Collado Villalba que era contratista de obras, se encontraba buscando grandes piedras cerca del arroyo de la Poveda. Necesitaba pedruscos de gran tamaño para poder reparar y dar consistencia a un cercado, pues era con lo que se ganaba la vida.

El villalbino no paraba de buscar rocas que le sirvieran a su causa y cuantas más encontrara, mejor. Tras no cesar en su batida, dio con un gran nido de moles de piedra situadas en una especie de túmulo, que no dudó ni un segundo en comenzar a desenterrar al encontrarse ancladas en el suelo. Pero allí no solo halló la solución para su cercado, sino que también se topó con algo bien distinto. Algo que cambiaría de forma radical su cometido principal.

Hachas de piedra, puntas de flecha, cuchillos, cerámicas con extrañas ornamentaciones…Toda una amalgama de herramientas y utensilios que sorprendieron a un Demetrio que era consciente de que había descubierto algo que no pertenecía a su época.

Túmulo del dolmen de Entretérminos (imagen propia)
Túmulo del dolmen de Entretérminos.

A partir de ese instante, la búsqueda de materiales para su cercado pasó a un segundo plano, centrándose en seguir desenterrando restos pertenecientes a una cultura que podría perderse en los albores de la Humanidad. Y no solo comenzaron a aflorar útiles de caza o cerámicas, también empezaron a aparecer ajuares y enseres de oro que aludirían a un enterramiento de alguien con suma importancia hace miles de años.

Tras estos hallazgos, pronto se iluminó la bombilla de la codicia en Demetrio. Sabía que con todo lo que estaba encontrando podría sacar rédito económico y por ello comienza a aglutinar en su casa aquellos objetos de incalculable valor. Además, por si fuera poco, consigue permisos para seguir excavando en aquel enclave al oeste de Villalba.

La licencia para continuar con sus labores de extracción hizo que aumentara la avaricia de Demetrio, cegado por el enriquecimiento personal. Poco le importaban las enormes piedras que rodeaban el yacimiento; exclusivamente quería objetos plausibles para vender.

Ajuar del dolmen de Entretérminos (Obligatorio poner Ayuntamiento de Madrid. Museo de San Isidro. Los Orígenes de Madrid).jpg
Fotografía Ajuar del dolmen de Entretérminos cedida por el Ayuntamiento de Madrid. Museo de San Isidro. Los Orígenes

Las excavaciones de Demetrio se llevaban a cabo sin ningún rigor arqueológico. Él no era científico y no conocía los métodos para realizar tal empresa. A pesar de que la Arqueología en España estaba en una fase de consolidación, los conocimientos que existían hubieran evitado cualquier destrucción total. Sin embargo, los daños que causó Demetrio Bravo al conjunto megalítico situado actualmente entre Villalba y Alpedrete fueron irreparables. Aun así, el “sufrimiento” de lo que se catalogaría como un dolmen no había acabado.

 

La Guerra Civil y destrucción de lo poco que quedaba del dolmen

En julio de 1936 estalla la Guerra Civil Española. La ciudad de Madrid es un punto clave para que el conflicto se resolviera lo más pronto posible, por lo que los sublevados avanzan hacia la capital tanto por el norte (el general Mola desde Navarra) como por el sur (Franco cruza el Estrecho de Gibraltar con las tropas de Marruecos). El fracaso del golpe de Estado en ciudades principales, que permanecieron leales a la República, hizo que el país quedara dividido en dos bandos. El resultado fue un conflicto que duró tres años y adquirió alcance internacional al intervenir países como Alemania, Italia o la Unión Soviética, quienes vieron en la guerra de España un escenario óptimo para probar sus fuerzas armamentísticas. El final de la contienda dio paso a la dictadura de Franco y a una etapa de posguerra traducida en miseria y hambre.   

Durante los primeros días de la guerra, la sierra de Guadarrama y los alrededores de Villalba se convierten en frente de batalla, donde los leales a la República intentan frenar el avance del bando sublevado hacia Madrid. Este pueblo madrileño será víctima de constantes bombardeos aéreos, sobre todo a la estación de ferrocarril, y punto de parada para combatientes que se trasladaban al frente. Se sabe además que en Collado Villalba llegó a estar acantonada la XI Brigada Internacional o Brigada Thällmann tras la batalla de Brunete. Incluso como demuestra el archivo fotográfico del Partido Comunista Español (PCE), a él acudieron con el objetivo de aumentar la moral de los milicianos personajes como Dolores Ibárruri, más conocida como “La Pasionaria”, o el prestigioso general Walter, inmortalizado para siempre por Ernest Hemingway (Premio Nobel de Literatura en el año 1954)  bajo el nombre ficticio del general Golz en su mítica novela Por quién doblan las campanas.

Algunas losas enterradas del dolmen de Entretérminos
Algunas losas enterradas del dolmen de Entretérminos.

La Guerra Civil provocará el suspenso de las prospecciones arqueológicas, pero no así su utilidad. El yacimiento sufrirá durante la contienda esa estocada final que acabaría con su milenaria vida. Los objetos ya habían sido expoliados y ahora tocaba el turno de las grandes losas que conformaban el conjunto megalítico.

El recrudecimiento del frente en el Guadarrama y los combates encarnizados motivaron a que se reforzaran las defensas, más si cabe por los ataques que podían venir de la aviación perteneciente al enemigo. Cualquier material resistente podría servir de ayuda y no se dudó ni un momento en acudir a los gigantescos pedruscos del megalito: se arrancaron del suelo y se reutilizaron para crear fortines.

De las losas que formaban el monumento, según los investigadores, solo quedaron dos en su emplazamiento original. Esas piedras eternas que aguantaron impasibles durante siglos se esfumaron en pocos días para ser partícipes de una guerra entre hermanos; la prueba de una cultura desconocida que pobló el centro de la Península hace miles de años quedó reducida a cenizas entre bombas de vanidad y balas de indiferencia.

Acabó la Guerra Civil y  los hallazgos en aquel terreno villalbino cayeron en el olvido. El tesoro que había expoliado Demetrio Bravo fue saqueado durante la contienda, perdiéndose para siempre una gran parte de las valiosas piezas arqueológicas.

 

El marqués de Loriana y los intentos de recuperar el dolmen de Entretérminos

En 1942, como cuenta Luis Antonio Vacas en Apuntes para la Historia de Villalba, un pintoresco personaje se interesó por recuperar el dolmen de Entretérminos y reintegrarlo en la Historia: Juan Manuel Urquijo y Landecho, más conocido como el marqués de Loriana.

El marqués de Loriana fue un apasionado de la Arqueología que había dirigido varias excavaciones arqueológicas en el País Vasco y Navarra con un llamativo éxito; tras la Guerra Civil, comienza a centrarse en la Comunidad de Madrid. Es en este período cuando conoce la historia de los descubrimientos realizados años atrás en aquel paraje de Villalba.

Movido por esa capacidad de asombro que nunca debe perderse, comenzó a investigar lo poco que quedaba de aquel conjunto y llegó a unas conclusiones fascinantes: se trataba de un dolmen (con corredor, cámara y túmulo) perteneciente al Calcolítico peninsular, cuyos restos datarían entre 2500 a.C. al 1800 a.C. y existiendo entre las vasijas de cerámica signos de ese estilo campaniforme que se extendió por gran parte de la Península Ibérica.

Este tipo de construcción pertenecería al megalitismo, un fenómeno cultural desarrollado entre el Neolítico hasta la Edad del Bronce y que tuvo como sus principales focos de expresión en los territorios bañados por el Mediterráneo occidental y en la Europa atlántica; monumentos como Stonehenge, en Gran Bretaña, o las piedras alineadas de Carnac, en Francia, pertenecen a este fenómeno del cual se desconocen muchos factores.

Fotografía del ajuar del dolmen de Entretérminos de 1942
Fotografía del ajuar del dolmen de Entretérminos de 1942.

En la Península Ibérica existen grandes muestras de ese megalitismo. En Portugal destacan los dólmenes que hay repartidos por toda la región del Alentejo; en el sur de Andalucía existen los mejores conservados, como en Antequera (provincia de Málaga), el dolmen de Soto (provincia de Huelva) o Los Millares (provincia de Almería); y el norte de España tiene una gran red de megalitos que se extiende desde Galicia hasta Cataluña. A pesar de la riqueza patrimonial en diversas partes de España, en el centro peninsular hay muy pocos restos de esta tipología arquitectónica de la Prehistoria, siendo los más cercanos a la Comunidad de Madrid los situados en Bernuy-Salinero (muy cerca de Ávila) y en Aguilar de Anguita (provincia de Guadalajara) con una escasa transcendencia.

El dolmen no tenía nada que envidiar a los situados en Antequera o en el norte de España y tenía ese añadido misterioso de ser el único encontrado en la zona centro del país con esas características. Fue construido para motivos funerarios, concretamente para albergar a alguna persona de gran importancia como demuestran las alhajas de oro y demás objetos preciosos encontrados. Además tenía su significado mágico-religioso al estar emplazado cerca de un río (como el arroyo de la Poveda o el cercano río Guadarrama), de gran importancia para los antiguos.

Placa de hormigón donde estaba situado el dolmen de Entretérminos (imagen propia).jpg
Placa de hormigón donde estaba situado el dolmen de Entretérminos.

Los fascinantes resultados que obtuvo el marqués de Loriana hicieron que se preocupara por recuperar todo lo que Demetrio Bravo había expoliado, pues sabía que esos restos eran interesantes desde el punto de vista arqueológico. No fue tarea fácil, ya que tenía que volver a reunir la colección en paradero desconocido que se había perdido durante los saqueos sufridos en el contexto de  la Guerra Civil.

No cesó en su empeño y, al fin, pudo rescatar diversas vasijas campaniformes, un hacha y un puñal; posteriormente decidió donar estos elementos al actual Museo de San Isidro, donde se exponen aún en su rica colección del pasado remoto madrileño. No obstante, gran parte del tesoro del dolmen de Entretérminos ha desaparecido para siempre pese a los notables esfuerzos del marqués de Loriana, cuyas investigaciones sobre este tema se pueden leer en su trabajo Nuevos hallazgos del vaso campaniforme en la provincia de Madrid.

Museo de San Isidro (Wikimedia Commons).jpg
Museo de San Isidro (Madrid).

Los años fueron pasando y la historia del dolmen de Entretérminos fue condenada al ostracismo. El terreno donde estaba ubicado se convirtió en un pequeño vertedero cuando se edificaron los chalets que hay en aquella zona de las afueras de Villalba. Los residuos se unieron a la maleza, una combinación que no dejaba intuir que allí existió un gran megalito. Parecía como si  otra vez el olvido hubiera ganado la partida de forma definitiva e incuestionable.

En 1992, la Comunidad de Madrid elaboró un expediente (en tramitación) para declarar al dolmen de Entretérminos como Bien de Interés Cultural. Con esta noticia, comenzaron las promesas de realizar excavaciones y tareas de conservación e interpretación con el objetivo de dar a conocer al desaparecido conjunto megalítico. Pero hasta la fecha únicamente ha habido algún que otro estudio del terreno.  Las palabras se las lleva el viento…

Hoy, escondido entre zarzas y escombros, donde estaba el dolmen de Entretérminos solo queda un desamparado bloque de hormigón que recuerda el lugar donde una gran construcción megalítica bien podría haber desafiado a la concepción que existe de estos conjuntos prehistóricos en España y que el ser humano actual, con acciones propias de la inconsciencia, se negó a que esto ocurriera.

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